Schuster Marcelo











Reseña que Carlos Herrera de la Fuente escribió sobre “Cortocircuito” en la revista “De largo aliento” en diciembre de 2014.

Deseamos compartir la reseña del libro “Fósil. La llamada de Emmanuel Lévinas” que acaba de salir publicada en el Periódico “El Presente” de Querétaro.
Si gustan, pueden compartirla con sus amigos y colegas.

Ver la reseña…

Reseña del libro Fósil publicada en el Suplemento Cultural ADN del Diario La Nación de Argentina.
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Ensayo
Cuerpo mineral

Marcelo Schuster sigue las huellas del pensamiento de Emmanuel Lévinas en un viaje que es también una exploración original y riesgosa del lenguaje
Por María Zorraquín | Para LA NACION

Uno de los recuerdos que menciona Derrida en su carta de despedida a Emmanuel Lévinas es la ansiedad con la que éste se aferraba al teléfono cuando temía un corte en la comunicación. Ante la presunta falta de respuesta del otro a quien llamaba, insistía con un “Hola, hola” después de cada frase. De esa afección o angustia de interrupción parte el ensayo Fósil. La llamada de Emmanuel Lévinas de Marcelo Schuster (Buenos Aires, 1973). Y es que la disponibilidad afectiva, la vulnerabilidad, estaba en la base de todas las investigaciones de Lévinas -pensador lituano de origen judío nacionalizado luego francés- cuando cuestionaba el predominio de la pregunta por el ser, intrínseca a la tradición filosófica de Platón a Heidegger. La cuenta pendiente del pensamiento era, para él, la relación con el otro. Por eso señalaba que solo la ética pensada -padecida- más allá de la ontología y, sin duda, más allá de la lógica en que el poder somete las diferencias hasta anularlas, brindaría una renovada esperanza para la filosofía. Sus reflexiones aún inciden en las formas más variadas de los pensamientos contemporáneos.

Tal es el caso de Fósil. Schuster recorre aquellas ideas para explorar en las posibilidades de un lenguaje filosófico postmetafísico. Las huellas de Jacques Derrida, Jean Luc-Nancy y Maurice Blanchot conforman un magma de intertextualidad y referencia desde el cual, paradójicamente, Schuster se sostiene para perder la propia referencia a Lévinas en un ejercicio de escritura tan empecinado en no solidificarse en conceptos como en evadir cualquier tipo de hermenéutica reconocible.

El libro -dividido en dos partes y con un epílogo dedicado a Nancy- piensa el cuerpo desde una óptica mineral: el corpus del binomio fosa/fósil. Schuster toma como punto de partida las investigaciones de Lévinas en Algunas reflexiones sobre la filosofía del hitlerismo sobre un cuerpo anclado en el anonimato del ser, encadenado a la existencia, y lo llama cuerpo fosa. Se trata del cuerpo hundido en la indiferencia de la materia inerte, ensimismado en el límite de lo finito, y solo interrumpido como cadáver en la “fosa común” de la muerte. “¿Hay manera de huir, de escapar al cuerpo, de huir de la ligazón que ata sin ligadura?”, pregunta Schuster. Toma su respuesta de la materialidad más rudimentaria y neutra. El fósil, señala, “es una roca, un suelo, una fosa liberada. Una traza, un corte que levanta del vacío”. El “cuerpo-fósil” libera del encadenamiento, de la atadura a la materia indiferenciada, cuando la llamada inscribe un nombre que rompe la finitud de la “fosa común”.

Pero ¿quién llama, quién inscribe el nombre? El corazón del asunto aparece justo cuando se suspende la meditación. Según Schuster, la llamada proviene del infinito, de una alteridad contenida en nosotros, de un Otro que vendría a irrumpir la indiferencia material del “cuerpo-fosa”. Si bien lo nombra, Schuster no tematiza al infinito. No quiere entrar ahí. No quiere entrar en la fenomenología, ni en la teología judía, ni en las contradicciones existenciales que podrían garantizar un sentido. Se abstiene del conflicto en el preciso momento en que lo muestra. Lo interrumpe.

Extraño y singular, este texto refractario a las clasificaciones, en vez de conceder al lector un lugar de llegada seguro, lo deja vacilando sin respuestas. No obstante, en asumir ese riesgo reside la mayor virtud del libro y su originalidad. Lleva su experimento hasta el límite radical de enfrentar el lenguaje que debería esclarecer, u ofrecer comprensión, con la nulidad y el exceso de una sintaxis detonada. Y así logra inaugurar un camino propio.

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