Espinasa José María

















Entrevista en La Jornada 16 marzo 2015

Ediciones Sin Nombre surgió hace 20 años como necesidad autogestiva
¿Ser editor es romántico? Sí, pero enamorarse tampoco deja dinero
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José María Espinasa: Para traducir del catalán al español

Enlaces a algunas entrevistas a José María Espinasa en Azteca 21:

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Letras de Cambio entrevista a José María Espinasa:
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EL PLACER DE LEER POESIA: PIÉLAGO DE JOSÉ MARÍA ESPINASA

Angelina Muñiz-Huberman

Abrir un libro de poesía es ya en sí un placer. Un pequeño libro, de tamaño y peso justos para ser sostenido por la mano. De tacto agradable, de hoja espesa y suave, cerrada en el canto superior, lo que obliga a buscar un abrecartas y desprender las hojas. Hacerlo con suavidad, no se vaya a rasgar el resto de la página y, lentamente, escuchar el leve sonido del papel expuesto.

Empezar, entonces, a leer. Penetrar en el mundo del poeta. El escondido mundo de palabras y ritmos. El largo viaje a otros mares y otras playas. El piélago de sensaciones. Es Piélago (Ediciones El Tucán de Virginia, 1990) el título del poemario de José María Espinasa, que abarca dos partes: "Canciones" y "Osario sentimental". Dos partes de un solo motivo: el único motivo: atrapar el amor y atrapar la muerte, es decir, lo inatrapable. Lo que se caracteriza por la más fugaz de las sensaciones y por su carácter quebradizo. Con una diferencia: el amor es múltiple fugacidad: la muerte es única fugacidad.

Son cinco las "Canciones" en torno a amor-muerte. La primera, "Dibujo de una caricia", es la introducción y la concentración de lo que después va a ir desarrollándose con su medida lenta, su espacio amplio, su fluir deleitoso. Por lo que el contraste queda establecido: el primer poema con sus imágenes plenas de significado se va a desdoblar en los siguientes poemas en parcialidades exactas y precisas de una brevedad que no es sino la esencia del género poético. El afán de dejar grabada una caricia en lo perecedero, un muro, la piel, la sangre, el hueso, es signo y pregunta que no pueden resolverse. Y, sin embargo, es éste el papel del amante: dejar huellas en la memoria:

Raspa con las uñas la pared,

araña en el aire una ausencia.

En los dedos quedan huellas

de ese gesto inútil en el muro,

cicatrices en la piel son testimonio

de una ausencia más cruel

y de un silencio que se vuelve distancia. (p.9)

En los poemas siguientes, el lenguaje se simplifica para que la intención profundice:  la canción domina una idea obsesiva: el amor-muerte se manifiesta en el mito ("La sirena", "La serpiente"), en el tópico literario ("La flor"), en el símbolo ("Canciones del arquero").

La sirena, mito que no se desvanece desde la antigüedad hasta nuestros días, es una imagen de amor insatisfecho que lleva en sí la destrucción: que atrae y que rechaza la vida. Habitante del mar -piélago- que aspira a la tierra: siempre a medio camino. Inmersa en el espejo sin fin de las aguas, "pierde su rostro/ la sirena". (p.10) Guarda su secreto, no escapa, "sólo ella sabe/ de la quietud/ del agua" (p. 13) y del fin de todas las cosas.

La flor es la belleza efímera, la transitoriedad, la brevedad de la vida. Es el sacrificio del amor: la flor cortada es una pequeña muerte ofrecida a quien se ama. "Alegría/ tan humilde/ en el florero./ (Olvida/ que de la muerte/ es la figura.)" (p.18) Así, la ironía acompaña a tópico literario tan difícil de utilizar: la flor de Espinasa no es la flor viva: es la flor en agonía.

La serpiente está en el nacimiento del mito, en los principios de la creación y de la religión. Es símbolo de amor, muerte, renovación. Es la imagen misma del movimiento, de lo sinuoso, de la circularidad. Para José María Espinasa, la relación con la piel, primer órgano del amor, es un deseo de aprendizaje que nunca acaba, tan fresco como la nueva piel de la serpiente. El amor es una religión que se renueva:

Se aprende la liturgia cada año.

Cada siglo aprende

en su lectura la profecía:

el amante como la serpiente

debe cambiar su piel, no la del otro. (p. 22)

El amante aspira a una concentración de la historia, desde el Génesis hasta nuestros días. Así, la serpiente que se renueva enseña el amor a la pareja primordial al exponer la piel, el desnudo. La serpiente, entre tierra y agua (como la sirena), entre calor y frío, adquiere el poder mágico de desprenderse de su piel y no morir, de conservar su ser. El poeta pretende el amor en la renovación y lo logra de la manera más concisa, despojando su verso, exponiendo su palabra, apelando a la esencia: "En la serpiente/ el alma es la piel/ y cambia cada año." (p. 27)

La flecha es la luz del poder supremo: los rayos del sol. Es la guía en el espacio, como ocurre en la pintura de Paul Klee. Es la línea recta que vuela, de nuevo, en la relación amor-muerte: se clava en el corazón del enamorado o corta la vida del contrario. Es la marca en el lugar exacto. El arquero busca dónde disparar y su blanco se vuelve abstracto: será cualquiera de las potencias del alma.  Finalmente, "no habla,/ su voz/ es la flecha." (p. 33)

La segunda parte de Piélago es el "Osario sentimental", donde la teorización del amor se convierte en el amor experimentado. El tono cambia, el verso también. La transición se logra por las "Canciones de la puerta". La primera de ellas es la clave para descifrar una idea hermética. La puerta es una apertura sagrada, hacia el altar o hacia el amor, y a su conjunción. Para los cabalistas es el principio de la exégesis. El misterio tras de su umbral y la llave que ha se ser hallada. Es la creación contínua. Para el poeta es una serie de contraposiciones, no separadas, sino integradas en su propio antagonismo: abrir y cerrar. La perfecta unión entre imagen, idea, palabra, significado y ritmo se logra en los versos siguientes, que se deslizan como bisagra de puerta bien cuidada:

Mirada que entra por la cerradura

de una puerta que permanece abierta

y el brillo opaco de una llave

que no encuentra su lugar en tu mano. (p. 37)

Entonces, la puerta rompe su condición de barrera, borra el muro entre secreto y conocimiento y es una frágil frontera, violable, entre lo que se ve y lo que no se ve. Invita y despide al amor que llega y al amor que no se queda: "Pasó como si no pasara/ por la puerta abierta/ y la mirada que la vio/ no pudo detenerla/ ni olvidarla/ ni cerrar la puerta." (p.41)

La "Ronda del camaleón" es otra variante del amor hermético. El amor encerrado en caracol, boca, lengua. El amor hambriento, símil del camaleón, intercambiable, atrapando luces, movimientos, que participa de lo propio y de lo ajeno. Amor con lenguaje paradójico y sensual, de trópico, de frutas, de flores, de insectos. En cambio, los crípticos poemas de "La novia judía", se internan en un mundo absolutamente personal, casi confesional. La pasión amorosa se envuelve en claves del trobar clus. Pero la modernidad hace posible la inclusión de un diálogo con León Poliakov dentro de un tono de ironía en equilibrio. Es esta parte la de mayor experimentación poética y genérica, donde José María Espinasa alcanza vuelo dramático. La lengua que emplea, en un juego de significados, no le teme a la oposición carnalidad-espiritualidad, ni al irónico lugar común, ni al verso trillado intencional que, en cambio, sacude por incluir palabras transgresoras:  "¿Caries? No sé si tuvo. No le pregunté,/ y debía. Tal vez esto nos separó y no la vida." (p. 51)

La ruptura con la nostalgia aparece en los poemas-cuadros al evocar a Francis Bacon, el pintor, con su trazo satírico y deformante que se asocia con otros cuadros de reses en canal, a la manera de Rembrandt, y de almas descarnadas:  todo con variaciones semánticas, a su vez dentro de más variaciones, que reflejasen círculos concéntricos del lenguaje:

(Francis Bacon)

En canal y no navegable,

palabra concerniente a la carne

que lees en los periódicos

en tiempos de escasez de la ídem

(no sólo para ti, para todos)

y no sabes por qué te la recuerda.  (p. 52)

Para cerrar el libro con: "Desnudo bajando la escalera", donde aborda otras perspectivas de la pintura, el arriba y el abajo trastrocados, la ambivalencia de la escalera, la mirada propia y la ajena intercambiadas, el rostro "que no está desnudo como un cuerpo" (p. 60), la pérdida del sentido de proporción: el vacío en el universo, la total oscuridad. En este poema, referido al famoso cuadro de Marcel Duchamp, pintura y poesía se desglosan en planos donde tiempo y movimiento intentan explicarse en su imposibilidad.  Cuadro de ruptura y poema de ruptura. Los infinitos planos multiplican la figura, el punto de vista, la ubicación, ¿arriba o abajo? La necesidad de la presencia de quien baja la escalera confirmaría el sentido de la creación:

Sin ella la escalera se ha quedado vacía.

Ya sin sentido se pierde en la noche.

Perdida ya su desnudez, olvida también la porporción

del universo.

Sin arriba y sin abajo, sin desnudo, ¿quién pregunta

qué?

Y apago en mi garganta un grito

(como se apaga la luz). (p. 62)

En Piélago, José María Espinasa muestra la infinita capacidad del acto poético. La puerta abierta a un mundo ocluido que deja de serlo. La meditación que norma el ritmo del lenguaje: un lenguaje que se expone del derecho y del revés, tamizado por iluminaciones y resguardado por polaridades. Es la suya una poesía que borra fronteras, íntegra en su percepción de un mundo de esencias, rica en el arte de preguntar más difícil que el de contestar. Poesía instantánea, de fugaces ramalazos de luz, de umbrales y de miradas que huyen. Condensada en la mínima expresión que acompaña el placer poético: “Ni puerta cerrada ni secreto” (p. 38).

Poesía y condición humana: habitar la palabra poética, coord. Luzma Becerra, Universidad Iberoamericana, 2008, pp. 29-34. (Biblioteca Francisco Xavier Clavigero)

Entrevista de José María Espinasa a Intermención

 

La Feria del Libro Independiente entregará el Reconocimiento a la Trayectoria Editorial al editor José María Espinasa y a la editorial Ediciones Sin Nombre.

Ver Reseña en La Jornada

 

 

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12 comentarios sobre “Espinasa José María”

  1. La literatura y la poesía mexicana y aún hispanoamericana de los últimos años, no serían las mismas sin la presencia de Ediciones Sin Nombre y de José María Espinasa.

  2. Un gran abrazo para ti,Chema,por tus veinte anhos de editor,poeta,critico y otras cosas mas que todos te agradecemos.Saludos de JM

  3. Mil y una felicidades a Chema y Ana María por su gran labor editorial y en la difusión cultural, realizada con inteligencia, sensibilidad, conocimientos y amor: Mario Rey

  4. Y sería injusto olvidar a su mujer, Ana María Jaramillo, siempre combativa e imaginativa, y a Teresa Espinasa, ayer niña prodigio y hoy mujer prodigiosa

  5. Un hombre de una generosidad sin límites. Con un alto sentido de la amistad. Un editor guiado por un hgusto impecable y por la originalidad e indpendecia. Un poeta que merece todos los elogios que nunca ha necesitado. Un crítico perceptivo. Una persona activa que sabe saborear el ocio. No alzo la copa como homenaje sino que la bebo en su honor, en este día de celebraciñon

  6. Me siento orgulloso de la amistad solidaria de Chema Espinasa: sobresaliente editor, noble persona, personaje infaltable en mi vida, apoyo incondicional de la buena literatura de cualquier procedencia… Tan-tan…

  7. Hombre inteligente y culto, poeta fino, con un no sé qué de irónico, y un sentido dramático de la escritura poética, José María Espinasa es un espléndido editor y un crítico literario de sensibilidad como pocos. Todo homenaje es poco, por lo mucho que ha hecho
    por la creación y la cultura literarias en México.

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